Confieso que le tengo pavorrr al frío de New York, pero ir a New York en Otoño es oootra cosa! La ciudad se llena de hermosos colores y es un espectáculo tan solo caminar por sus calles, y sentir que la temperatura empieza a bajar, pero sin ser todavía ese golpetazo que te congela en cada esquina, es lo más parecido a caminar con aire acondicionado!

Este viaje me llevó por rincones que nunca había visitado, me regaló nuevos amigos y me reencontró con otros. La misión? Capturar las historias que serán parte de mi nuevo reto: Qué Mundo tan Chiqui, espacio donde contaremos historias basadas en esas Casualidades que nos sorprenden y nos cambian la vida. Sí, todos las tenemos! Haz tu tarea, mira hacia atrás y allí estaran. Es fascinante descubrir cómo nos convertimos en lo que creemos, por eso, nada más cierto que: Ten mucho cuidado con lo que deseas!

Entre el corre corre de movernos con el equipo de un lugar a otro, en una ciudad donde ir en el auto puede convertirse en una prueba a tu paciencia, eso de comer, comer en serio, como que no se nos dio! Y en una de nuestras entrevistas, una hermosa Salvadoreña nos ofreció probar las famosas Pupusas! Tenía mucho tiempo oyendo de ellas y con ganas de devorarme una. Lo primero, me recordaron mucho a mis amadas arepas venezolanas, lo segundo, me sorprendió su delicioso sabor, y por último lo versátiles que son, para combinarlas con todo!

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En algo nos parecemos tooodos los que hemos aterrizado para quedarnos, lejos de nuestros terruños. No importa hace cuanto llegamos, siempre está la música, la comida y el idioma con las costumbres, para volver una y otra vez al lugar de donde salimos.

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